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Archivo de la categoría: Omicrón 2016

Abacobalance 2016

2017-2016-r

2016 ha sido un año muy especial para nosotros, pues es un año en el que hemos crecido mucho y hemos podido además trabajar para fomentar nuestra pasión, que son los juegos, lo que nos ha permitido conocer a gente nueva y sobre todo mantener la ilusión por seguir creciendo y organizando cosas.

Ya en enero hicimos nuestros habituales Campos de Marte, y en febrero nos dimos un descanso, pues estábamos trabajando ya sabéis en qué. Para compensar, en marzo hicimos unas jornadas de juegos de mesa, como calentamiento para nuestro gran proyecto, lo más grande que hemos hecho hasta la fecha: las Jornadas #omicron2016 de Orduña, que contaron con una gran participación. Y lo que es más importante, nos dejaron con ganas de más.

En abril volvíamos a la carga con otros Campos de Marte (9ª edición ya) y en mayo también la 9ª edición de las jornadas de juegos de mesa.

En junio tuvimos a bien colaborar con el salón del manga y nada más empezar julio más rol, de la mano de la editorial Nosolorol ediciones, con la segunda entrega de las jornadas Nosolocampos de Marte.

El verano seguía, y había que continuar haciendo cosas, así que en agosto nos fuimos a Huarte, a colaborar en las Umbras de nuestros amigos de Alter Paradox y en semana grande aprovechamos para organizar nuestro ya tradicional torneo de Blood Bowl de fiestas de Bilbao. ¿Olimpiadas, qué es eso?

El verano se terminaba, empezaba el nuevo curso y con él otro de los eventos clásicos del frikismo en Bizkaia, ya en octubre, las Mangamore, en las que ponemos nuestro granito de arena. También en octubre, montamos la décima entrega de nuestras jornadas de juegos de mesa.

En noviembre colaboramos con el salón del manga de Getxo y cerramos el año montando en diciembre las Winter is Rolling, unas jornadas de rol y juegos de mesa de 3 días en nuestro local de Bilbao.

Eso ha sido cuanto ha dado de sí este 2016, que no ha sido poco. Ahora puede que haya alguien que se pregunte “¿y 2017?”. Habrá cosas, tranquilidad, y avisaremos de ellas en cuanto nos sea posible.

 

La historia (2º clasificado del concurso de omicrorrelatos)

ed7c2f601b23a97f5b8b06463bcec576La historia.

—Abuelo, me aburro.

—Solo los tontos se aburren, Jon.

—Jo, ¿por qué nunca puedo hacer nada interesante? En la capital tienen mogollón de actividades y cosas —gimió el joven, zapateando el suelo con saña—. Aquí solo paseamos y miramos a las vacas.

Su abuelo le miró con severidad, en un duro gesto de reprimenda.

—La capital, la capital… ¡estáis todos tontos con la capital! —tronó—. En la capital no saben. No tienen cuidado —Basilio comenzó a reducir el tono de voz, para terminar casi en un susurro—. Han perdido la memoria… La memoria de lo que nos pasó.

Su nieto, extrañado ante la misteriosa entonación del viejo, se le acercó. Su abuelo siempre había ejercido una extraña fascinación sobre él, pues lucía un aspecto muy evocador: una piel decrépita y apergaminada, unos ojos hundidos entre los que sobresalía una nariz aguileña, casi rapaz, y una mirada severa que conseguía por sí misma mucho más que cualquier reprimenda.

—¿Qué nos pasó, abuelito? —susurró el joven, imaginando ya aventuras y héroes y dragones.

El viejo, que se había quedado como absorto, pareció reparar de nuevo en su nieto. Acercó sus huesudos pómulos al rostro del chaval, entrecerrando los ojos en una pausa dramática.

—¡El diablo! —Bramó finalmente, exaltado—. ¡El Diablo se llevó a medio pueblo! ¡Y todo por ese maldito juego!

—Papá, ¿ya estás otra vez? —Le reprendió la voz dulce de un hombre desde la cocina—. No asustes al crío. Que tiene pesadillas, y luego soy yo el que tiene que dormir con él toda la noche. No pasa nada, Jon —un hombre de mediana edad se acercó a ellos, acariciando el rubio pelo del niño—, el abuelo solo bromeaba. ¿Verdad, Basi?

—Ya tiene edad de saberlo —replicó el anciano, malhumorado—. Y es algo que le puede salvar la vida.

El hombre dulce resopló, negando con la cabeza en un gesto de cansancio.

—Son historias antiguas, leyendas y fantasías, nada más. Nadie se cree de verdad que aquello sucediera…

Jon, impaciente, tiró de la bata de su abuelo, implorándole con la mirada que continuara con la historia.

—Haz lo que quieras, aita, pero duermes tú con él esta noche si tiene pesadillas —el hombre comenzó el viaje de vuelta a la cocina, repentinamente alarmado por un ligero olor a quemado.

Basilio se apropió rápidamente de aquel consentimiento tácito y examinó de nuevo a su nieto. Lo repasó de arriba abajo, como si estuviera evaluando su resistencia.

—Si —murmuró para sus adentros—, ya tienes edad.

—Verás —continuó—, esta es una historia que me contó mi padre, y que en nuestra familia ha sido transmitida de padres a hijos desde generaciones… hasta hoy. Una historia de lo que sucedió en este mismo pueblo, entre estas mismas calles, en el mismo frontón en el que juegas con tus amigos, bajo el Txarlazo.

El joven Jon se estremeció, emocionado con la idea de una historia acontecida en los sitios que él conocía.

—¿Y hay malos, abuelo?

—Siempre los hay, peque.

—¿Y monstruos?

Basilio sonrió levemente, divertido. A Jon le encantaban los monstruos. Al menos, de día.

—De los peores. Era una época inconsciente, en la que los chavales se divertían con juegos extraños y esotéricos. Unos juegos ininteligibles, que por lo que sabemos eran más invocaciones paganas de cultos innombrables —Basilio abrió desmesuradamente los ojos, como si ni él mismo diera crédito a tamaña insensatez—. Una especie de simulaciones… o representaciones, ¡qué sé yo! de demonios antiguos y criaturas mágicas.

—¿Como las hadas?

—No, mi pequeño Jon, como las hadas no. Más bien invocaban a monstruos… ¡pretendían representarlos! —el anciano comenzó a elevar los brazos, dibujando enormes figuras imaginarias—. Criaturas oscuras, Jon. Oscuras y malignas. Criaturas peligrosas con las que no se puede jugar —Basilio comenzó a mirar furtivamente alrededor, como si alguno de aquellos seres pudiera estar escuchándole, acechando detrás de un armario, agazapado y esperando pacientemente sus palabras para abalanzarse sobre él.

—¿Cómo los juegos que están de moda en la capital?

—Algo así. Están intentando recuperar ese estilo de juego, esos rituales, como si fuera recuperar una tradición perdida. ¡Pero perdida por algo! No tienen memoria, hijo.

—¿Y qué pasó después? —preguntó Jon con un susurro, ansioso por conocer el final de la historia—.

—Una noche, medio pueblo se juntó en el frontón para uno de sus rituales de suplantación —El abuelo hablaba ya con un ritmo lento y arrastraba cada palabra—. Era una noche fría, y aquellos insensatos continuaban jugando con su suerte y con el destino de todo el pueblo. La historia cuenta que probaron una recreación muy antigua. Una especie de juego, recogido en un vetusto libro que encontraron en una cripta. Un libro maléfico. Con instrucciones precisas para invocar a los demonios. Un libro de tapas negras con bordes rojos.

—¿…Y?

—Y… sucedió.

—¿Cómo que sucedió? ¿Qué sucedió?

—¡Los demonios! El mal absoluto, que se hizo presente… —El anciano, imbuido de la atmósfera que él mismo había creado, comenzó a mirar con suspicacia hacia más allá de la ventana, donde la negrura de la noche se hacía espesa—. Primero, la figura negra, rondando… ¡acechando! Y luego, el ser imposible. Un ser sin cabeza… Que se movía de un modo fantasmagórico, irreal. Como si no fuera de este mundo… ni de ningún mundo. Con un horrible tentáculo como rostro, alargado y ávido de devorar a aquellos que le habían despertado.

Basilio, casi en trance, se quedó momentáneamente ensimismado, recordando vívidamente la historia que le contó su padre.

—El pueblo entero enloqueció —continuó, abatido—. Bueno, casi todo el pueblo, pues algunos se salvaron. Los más pequeños, según parece. Quizás no se dieron cuenta de lo que pasaba, quién sabe. Pero hubo muchas muertes. Por eso, mi querido Jon, no debemos nunca recuperar esas costumbres… si no queremos que el señor del Caos se apodere de nosotros.

Aquella noche, a pesar del miedo, Jon no quiso dormir con su abuelo. En realidad, la excitación de la aventura pudo con su deseo de seguridad y confianza. Y es que él había visto ese libro. Su abuelo lo había descrito perfectamente: Un vetusto libro de tapas negras con ribetes rojos.

Y él sabía dónde estaba.

Lo había encontrado en el viejo aljibe de la casa, semi enterrado en una de sus paredes. Empalado y olvidado en un lugar de acceso prohibido.

Jon recitó con avidez las extrañas palabras que apenas se distinguían entre los desgarros de las páginas. Eligió el capítulo que mejor se conservaba. Lo leyó y calló, mirando a su alrededor con una risa nerviosa.

Fue entonces cuando comenzaron los tambores.

Xabier Giménez Sasieta

 
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Publicado por en abril 7, 2016 en Omicrón 2016

 

Agradecimientos de la clausura #omicron2016

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Y el año que viene, se van a enterar esos pequeños aspirantes a Jedi.

No queríamos pasar la ocasión de hacer nuevamente a nuestros patrocinadores y colaboradores, sin quienes las jornadas no habrían sido posibles. Eran muchos, así que tampoco nos pudimos extender todo lo que se merecían, pero aquí ofrecemos una versión más o menos adaptada del discurso de clausura.

Quisimos tener unas palabras para la gente y los comercios de Orduña, por acogernos tan bien, y en particular con el Ayuntamiento, por acoger el evento. En especial, queríamos agradecer en este sentido la labor de Mikel Aguirre.

De los patrocinadores, palabras de agradecimiento para Epic Games, Nosolorol Ediciones, Joker, ModPC, Mulligan A3, Games Workshop, Mathom online, Peter’s Land, El Almacén Secreto, Bilbogames, Dungeon Marvels y  Summum Creator.

Como colaboradores, nuestro agradecimiento para Atlas, Alter Paradox, Tarasu, DarkCastle, la Hermandad Juramentada de la Espada Negra, CRUAB y Adratan, o a todos aquellos, asociaciones o particulares que espontáneamente colaboraron con nosotros durante las jornadas, como el RIP o Ares

Pero sobre todo el agradecimiento debe ser a cada una de las personas que ha estado en los turnos atendiendo, ya sean de Abaco o no y a todo el que ha estado en el trabajo previo a las jornadas, como informáticos y organizadores. 

Y, en definitiva, a todos los que vinieron a disfrutar y jugar.

Ha sido un placer. Salud y Rol.

Y de ahí nos fuimos a una actividad siempre muy popular, como es el sorteo de premios; juegos de rol, cartas y mesa, amablemente donados por nuestros patrocinadores para la ocasión.

Y naturalmente, queremos aprovechar esta entrada para reiterar lo importante que es para nosotros recibir opiniones y críticas constructivas de los asistentes, de cara a mejorar en futuras ediciones.

 
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Publicado por en abril 4, 2016 en Omicrón 2016

 
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#omicron2016 en El Correo

Captura

 
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Publicado por en abril 3, 2016 en Omicrón 2016

 

Reportaje en Aiaraldea: #omicron2016

Rol jokoak nagusi OMICRON topaketetan from aiaraldea komunikazio leihoa on Vimeo.

 
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Publicado por en abril 1, 2016 en Omicrón 2016

 

Omicrorrelato ganador 2016

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 “No es complicado saber que están allí, a pesar de no tener forma física.

Las sombras se retuercen y reptan por piedra, madera, metal; el material por el que viajan parece no importar. Si te concentras lo suficiente, puedes escucharlas sisear por la noche, murmurar lo que uno no se atreve a decir pero sí siente. Estas almas malditas parecen atraídas por la vida que una vez pudieron tener, y se acercan a las casas a tocar, a ver. 

 La oscuridad se levanta desde las profundidades y estos seres, una vez humanos, viajan junto con ella para intentar saciar sus necesidades. Vagamente humanos en vida, demonios disfrazados de corderos, son incapaces de abandonar el mundo y ascender, el lastre de sus pecados demasiado pesado como para ello. Ya sea un peso tomado por voluntad propia o debido a un castigo impuesto por la misma existencia, no has de fiarte de ellas jamás, a pesar de la posible persistencia. Un alma curtida y de fuerte voluntad no debería tener problemas para ahuyentarlas, pero es necesario tener a la prole bien vigilada. Astutas y malintencionadas, son capaces de manipular las mentes más jóvenes para sus propios beneficios con una facilidad pasmosa, haciendo de los más pequeños poco más que marionetas.” 

La mujer cerró el viejo y pesado tomo una vez terminó de leer el pasaje. Las siguientes palabras estaban demasiado emborronadas como para comprender nada, le había resultado imposible leerlas a pesar de los esfuerzos. Posó el libro en el suelo antes de atreverse a mirar a su hijo a la cara de nuevo.

– ¿Lo entiendes, cariño? – preguntó, intentando usar un tono dulce que le pareció falso incluso a sus oídos.

El niño, desde la cama, la observaba con ojillos grandes y confusos. Después, negó con la cabeza.

La mujer se secó una perla de sudor  que la caía por la cara con el dorso de la mano, temblorosa.

Se esforzó por no mirar detrás de su hijo, pero no podía evitarlo; le parecía verlo por el rabillo del ojo.

Ahí.

Ahí estaba.

Oscuridad ondeando de manera antinatural, algo observando la escena desde la sombra de su propio hijo. Procuró no desviar la mirada de la cara de su chiquillo, acongojada. Debía hacer que lo comprendiese. Fuera lo que fuese, debía conseguir que se librase de aquella cosa cuanto antes. Otra gota de sudor le resbaló por la frente, pero esta vez ni siquiera se atrevió a moverse. Le pareció percibir movimiento entre las sábanas de la cama, algo reptando hacia ella, tan oscuro como etéreo, amenazante.

¿Se estaba acercando más?  Procuró mirar fijamente al frente. ¿Se lo estaba imaginando? Los oscuros y confundidos ojos de su hijo la miraban fijamente de vuelta. ¿Se estaba volviendo loca? Quizás…

– Escucha, Mordred, cariño – volvió a intentar – ¿Recuerdas ese amigo del que me hablaste? El que te visita cuando… ¿oscurece?

El niño asintió, y el mero hecho de confirmar vagamente la existencia de ese algo hizo que un escalofrío le recorriese la espina dorsal, erizándole el bello de la nuca. Le pareció volver a percibir movimiento por el rabillo del ojo. ¿Sería aquello producto de las sombras que proyectaba la luz tenue de las velas? Tenía que serlo. ¿Parecían aquellas sombras garras a punto de agarrarla? En absoluto.

– Escúchame atentamente – tragó saliva, rezando por que lo que fuese que los acompañaba aquella noche sin luna no comprendiese sus palabras – Tu amigo es peligroso, ¿entiendes? No, espera; no es un amigo. No es de fiar. Tienes que hacer que se vaya, ¿entiendes? – el tono de su voz estaba tomando cotas cada vez más altas, y a cada palabra que decía sentía su sanidad siendo expulsada junto con ellas – ¡Tienes que hacer que se vaya! ¡¿Acaso no lo entiendes?!

Mordred fue agarrado con vigor por los hombros, y ni siquiera atinó a responder, sobresaltado por la extraña y repentina actitud de su madre.

Pero, ¿acaso no lo comprendía? La mujer cedió y miró directamente a la sombra que proyectaba su hijo en la pared de la habitación ¡Debía entenderlo! Se sintió observada, aunque la sombra no parecía moverse. ¡¿Por qué no entraba en razón?!

– ¡Haz que se marche! – acabó gritando a pleno pulmón, zarandeando al muchacho, perdiendo ya toda templanza – ¡DEBES HACER QUE SE MARCHE DE ESTA CASA!

Los nervios a flor de piel y la quietud lejos, el candelabro apoyado encima de la mesilla de noche voló hacia la pared, donde chocó con un estruendo. La habitación quedó a oscuras salvo por la tenue luz que entraba por la ventada desde la calle, aunque Mordred no lo notó, demasiado ocupado cubriéndose la cabeza con los brazos.

Escuchó el golpe de la puerta de su cuarto siendo cerrada con brusquedad. Las fuertes pisadas de su madre, apresuradas. Un quejido. La puerta de la calle siendo abierta y cerrada sin demasiado miramiento.

Después, nada.

Ni siquiera el crepitar de las velas.

Acurrucado encima de las mantas, el chiquillo temblaba, sintiéndose desamparado en la oscuridad sin estrellas. Miró fijamente la casi imperceptible sombra que proyectaba su cuerpo, esperando.

Esperó.

Escuchó el crepitar antes de ver cómo la sombra se deslizaba por el viejo suelo de madera. Inmerso casi completamente en su elemento ahora que las velas habían sido apagadas, la sombra se escurrió casi con gracia por las sábanas, acompañando al chico en la oscuridad.

Habló.

La sombra habló, y el muchacho escuchó sus casi inaudibles murmuros de consolación. Asintió,  dejándose mecer por las palabras de su amigo.

Consuelo.

Se dejó abrazar por la oscuridad y cerró los ojos, el casi imaginario peso de su acompañante lo suficientemente reconfortante como para tranquilizarlo.

Después, durmió.

Escrito por Nahikari Diosdado Bua. Ganadora del concurso de Omicrorrelatos 2016.

 
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Publicado por en marzo 31, 2016 en Omicrón 2016, Torneos

 

First Person Gamers en #omicron2016

Captura

Uno de los medios que se acercó a las jornadas fue el podcast Frist Person Gamers, cuyos componentes se vinieron hasta Orduña a grabar una edición de su programa y en él hablaban de muchas cosas. Entre ellas, de las Ómicron.

Aquí se puede escuchar.

 
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Publicado por en marzo 29, 2016 en Omicrón 2016